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  • El broncoláser

    La fotorresección con láser consiste en la aplicación de calor en forma de radiación no ionizante a través de un fibrobroncoscopio o de un broncoscopio rígido bajo antestesia local o general.

    El objetivo fundamental es liberar la vía aérea de la obstrucción, como en el caso de las estenosis (estrechez en el calibre) traqueales o bronquiales, granulomas postquirúrgicos o como reacción a cuerpos extraños como en el caso de las prótesis metálicas o de silicona.

    Los cuerpos extraños aspirados y enclavados también son indicación de tratamiento con láser para su liberación y extracción.

    Asimismo los tumores benignos que producen obstrucción de la vía aérea tienen indicación curativa evitando la cirugía por toracotomía.

    El láser se utiliza también como fotocoagulador en el caso de las hemoptisis (expulsión de sangre por la boca de origen respiratorio) coagulando la zona sangrante: tumores, capilares sangrantes, hemangiomas…

    El tratamiento paliativo (mejorar los síntomas) del laser, está indicado en la patología maligna, extirpando o reduciendo el tumor que obstruye la tráquea o bronquios.

    Se trata de una intervención que puede durar entre 30 y 60 minutos bajo anestesia local o general, en donde pueden producirse, aunque ocasionalmente, algunas complicaciones, la más importante es el sangrado, y suelen estar ligadas sobre todo a la extirpación de los tumores malignos. La consecuencia más grave de estas complicaciones es la hipoxemia (bajada de oxigeno en sangre) que puede conducir raramente a trastornos cardiorespiratorios.

  • Prótesis

    Las prótesis endobronquiales hechas de metal, siliconas u otros materiales pueden ser colocadas en la vía aérea para aliviar la obstrucción causada por tumores o lesiones benignas que producen disminución de la misma por compresión extrínseca.

    La aplicación de prótesis es más efectiva cuando se trata de vías aéreas centrales (tráquea o bronquios principales), siendo de menos utilidad y de uso cuestionable en localizaciones no centrales. La primera prótesis colocada en la vía aérea data de 1965 por Montgomery, y fue un tubo desarrollado en silicona con una porción abocada a la traqueotomía (agujero externo en la piel que comunica con la tráquea).

    En 1990, Dumon presentó una prótesis totalmente Interna sin ser necesaria la traqueotomía, también de silicona.

    A partir de ese momento se diseñaron y salieron al mercado un gran número de diferentes prótesis de la vía aérea, con la intención, aunque no siempre lograda, de:

    • que sea fácil de colocar y extraer, y que no se mueva
    • que tenga fortaleza para sostener la vía aérea y a la vez sea flexible y se acople a los movimientos respiratorios normales y de la tos y que permita el adecuado drenaje de secreciones
    • que sea biológicamente inerte para no producir reacción inflamatoria (formación de granulomas)
    • que esté disponible en tamaños variados Tanto las prótesis metálicas como las de silicona pueden usarse para obstrucciones malignas de la vía aérea. Las de silicona son, sin embargo, las favoritas, por su bajo nivel de complicaciones y un alto grado de seguridad y eficacia, que data de casi 20 años.

    Las prótesis metálicas, aunque son muy fáciles de colocar, pueden ser extremadamente dificultosas para retirar y, en general, se desaconseja cada vez más su uso. De hecho, la FDA (Food and Drugs Administration) en USA ha recomendado desde 2005 su no utilización en patología benigna. En enfermedad maligna es todavía aceptable si el periodo de supervivencia esperado es corto, ya que tienen menos posibilidades de complicarse y requerir extracción.

    La aplicación de prótesis endobronquiales se realiza en general después de una dilatación del sitio a tratar, o tras resección tumoral previa con láser o electrocauterio.

    También se usa la misma metodología en la estenosis postintubación: primero dilatación con broncoscopio rígido, aplicando láser si es necesario, y luego la colocación de la prótesis.